O El Chip Prodigioso, como la conocimos en España ...
Hay películas, que no tienen por qué ser buenas o malas, que de alguna manera te marcan, que por alguna escena, frase, paisaje o un cúmulo de cosas, consiguen que las recuerdes de por vida y tengas una copia en vídeo o incluso el original con sus carátulas y sellitos certificados para esos días en que te apetece rememorar aquellas tardes en familia, o con los amigos antes de salir de marcha
Una de ellas, con unos pocos años menos que yo misma, es Innerspace (1987), que ahora la veríamos como algo simplísimo, superable infinitamente gracias a tanta tecnología que nos desborda en miríadas de efectos especiales pero que, en aquellos años, fue todo un boom comercial y, de hecho, fue ganadora de un Oscar a los mejores Efectos Especiales.
Yo la vi con plena consciencia unos años después, puesto que la primera vez al parecer ni me enteré de lo que estaba viendo, más pendiente de reir a causa de las contínuas muecas de uno de los protagonistas (Martin Short), y debo decir que, personalmente, me encantó. Y hay una escena que se me quedó grabada, y cada vez que escucho la canción en la radio automáticamente mi cerebro comienza a procesar unas imágenes que parecen haber quedado impresas a fuego en mi interior. En concreto, ésta es ...
La situación, Martin Short (Jack Putter), acaba de ser consciente de llevar dentro de sí a un diminuto Dennis Quaid (Tuck Pendleton), y tras el acojonamiento previo (y obvio) Tuck le pide celebrar unidos su desgracia y, al mismo tiempo, haber dado con un tipo que le cae bien ... Jack se mete un lingotazo que garganta abajo va a parar a una petaca que posee Tuck quién, además, se encuentra pilotando una nave con todos los adelantos y, como no, su equipo de música incluído ... y la música asciende a través del organismo de Jack, que con un trago ya va bien puesto , hasta sus oídos, y se montan su propia fiesta dentro de lo que en realidad sería una situación verdaderamente deprimente (las posibilidades de supervivencia del miniaturizado no parecen ser las más idóneas) ...
La canción "Twistin' the Night Away", originalmente escrita por Sam Cooke, es ya todo un clásico en el mundo de la música, y para mí oirla y empezar a moverme es todo uno
La banda sonora, de Jerry Goldsmith
Y el argumento, de lo más sencillo y, al mismo tiempo, original, además de contener unos diálogos brillantes: Un piloto de pruebas (Dennis Quaid) participa en un nuevo y secreto proyecto científico en el que es miniaturizado con nave incluída. Accidentalmente es inyectado en el torrente sanguíneo de un hombre hipocondríaco (Martin Short) ... a partir de ahí, el cóctel está servido y, a quién no la haya visto, se la recomiendo
Lo más gracioso de esa escena es que él va viendo por la pantalla que tiene dentro de su nave los movimientos del otro y sintiéndolos mientras ésta se va sacudiendo. Es una de las películas con las que más me he reído